martes, 6 de abril de 2010

CRÓNICA DE UN VIERNES SANTO (Inundado)


Llegó el viernes santo y con eso, la escapada de descanso esperada. Una isla del delta de Tigre fue el lugar elegido, tras desechar uno y otro plan de mayores distancias por motivos económicos.

Tomé tempranito el colectivo 108 (en dónde me enamoré de una morocha con suelas muy altas y unos ojazos verdes envidiables, llamada Sheila) hasta General Paz y combinación con el 21 ramal Tigre.
Al llegar a la estación me encontré con varios de los chicos invitados al evento (gracias a una página Web). No conocía a ninguno. Francia -sí, así dijo llamarse una Bogotana- juntó la plata de todos para comprar el pasaje en la Interisleña (lancha colectivo).
55 minutos demoró el barquito en depositarnos en el arroyo Rama Negra, sitio en dónde quedaba el esperado camping.

Allí nos recibió el anfitrión, Leonardo, invitándonos a degustar un riquísimo pan casero, empanadas, cerveza helada y vino en cartón –que yo no me animé siquiera a probarlo -.

Se hizo la noche y con ello llegó el primer fogón popular. Casi 40 personas en rededor de una fogata que alcanzó unos 5 metros de alto y que, por culpa de unas maderas humedecidas, saltaron chispas que provocaron decenas de pequeños agujeros en 3 carpas cercanas.
En la ronda se hizo un repertorio inolvidable: 3 guitarras, 2 bongos, y hasta un huevo de percusión –el cual me animé a tocar por varios minutos- hacían que todos entonáramos fervorosamente canciones de Los Piojos, Los Rodríguez, Los decadentes, Gilda y hasta un Reggaeton paupérrimo. Todo esto -claro está- con altas cantidades de botellas circulando entre los presentes e importantes contenidos etílicos en sangre (entre otras cosas prohibidas).

El cese del fuego, me invitó a dormir alrededor de las 4 de la madrugada. Pase un frío importante en mi carpa ya que no tenía bolsa de dormir, a pesar de acostarme con todo el abrigo que llevé: jean y pulóver de lana. Además como no tenía almohada, el cuello me quedo, literalmente, a la miseria.

La tarde del sábado fue con un gran sol, chapuzón en el río y lectura de apuntes facultativos. Pero fue cuando regresé al camping que empecé a alarmarme: la zona de mi carpa se estaba empezando a inundar. Afortunadamente llegué antes para desarmarla. Me preguntaba: ¿cómo podía ser que se inundara el lugar, si había un sol maravilloso? Así algunos pseudos-especialistas me explicaron que tenía que ver con las lluvias que venían de la Mesopotamia, sumado a un factor lunar (el que nunca logré entender).

Las horas pasaban y el agua crecía rápidamente. Los muelles ya estaban todos inundados. Las carpas, en su gran mayoría, ya habían sido desarmadas. Las mesas y sillas del lugar ya se hicieron inutilizables.
La cosa se empezó a complicar –más aún- al enterarnos de que ya no había más servicios de lanchas hacia el Tigre. Entonces debimos pasar la noche a la intemperie, con un frío húmedo que todavía repercute en mis huesos. Usurpamos una casa cercana (al estilo Okupas) y dormimos pésimamente unas 3 horas sobre el cemento.

Al amanecer, mire el reloj que marcaba las 8 y 25. Hora de despertar a los compañeros para tomarnos la primera lancha de regreso. Las caras lo decían todo: ¡qué noche de mierda habíamos pasado! Muchísimo peor fue cuando bajamos de la casa y notamos que todo lo que era un césped divino horas atrás se había convertido en una pileta interminable. El agua nos llegaba a las rodillas y así debimos caminar unos 100 metros con nuestras pertenencias hasta el muelle con menor cantidad de agua. Los minutos pasaban y la lancha “salvadora” no venía. Desesperación, caras largas y hambre eran moneda corriente entre los presentes.

Tras una hora de espera, apareció la lancha colectivo. Gritos y señas por doquier para que el conductor amarrase de una buena vez. Subimos inmediatamente, no había tiempo que perder. Tras una hora de viaje y vaivenes a raíz de la crecida, pisamos tierra firme nuevamente: ¡todos a salvo! .Alegría y aplausos espontáneos de parte de los pasajeros.

Fue ahí que advertí que la odisea, había llegado a su fin.
Importante: solo se narra el 50 % de lo sucedido. Lo restante será reservado para cuidar vuestra reputación.

3 comentarios:

Carla dijo...

Aca la unica reputacion a cuidar es la tuya que se esta viniendo en picada. ( chiste )

Analizada dijo...

SOS RE VOS!
Me gustó mucho tu finde! jajajaja igual te regalo quedarme en el medio del tigre con lluvia y el agua que no para de subir!!!

beso enorme!
SWeguí viviendo histoiras, de eso trata todo esto!!!!!!!

A.L.M.A dijo...

Hola, gracias por pasar por mi blog y dejar un comentario.
Mi email es el que esta publicado en el perfil
No encontré el tuyo y tampoco pude dejártelo registrado.

Buenas criticas!